sábado, 3 de diciembre de 2016

Enamorado del amor

—Tú estás enamorado del amor— me dijeron. No estaba seguro si era la voz melancólica de Ximena o los murmullos sinceros de mis demonios. 
     Era cierto. 
     Ninguna mujer. Ni una sola. Noventa y dos poemas en el historial y todos dedicados al amor. Es complicado y hasta gracioso, abrir un día los ojos y caer en cuenta de la hermosa farsa en la que se ha vivido. ¿Enamorado del amor? Quién lo diría. Ni el mismo cupido lo habría adivinado. 
     Y es que uno piensa que son sus ojos, par de esferas solares que enervan y dinamitan; globos incandescentes con ramajes que atrapan y jamás liberan; universos dentro de más universos. Pero no. Tampoco lo son sus labios, mares de deliciosos contactos, exquisito manjar de los dioses. ¡No! No lo fue el primer beso, la primera carta ni las sonrisas. Menos aún aquella mirada que penetró mi aparente estructura de hierro, la forma tímida y coqueta con la que me decías "Te quiero", tu figura angustiada cuando pintabas sobre un lienzo o la inocencia de ser tu primer amor. ¡No! Nunca fui preso de tus años de experiencia, de las mordidas en cada beso ni de la vez en que descubrí tu perversión. Siempre fui libre, a pesar de tu piel morena y perfumada, de tus nalgas bien formadas o de tu aparente quietud después de años de viajes. 
     Sólo un tonto podría confundir estar enamorado con el simple placer de estar a tu lado, los detalles que te permitías o el CD de mi banda favorita que me obsequiaste. Los cabellos rizados que caían sobre tu hombro, tu voz deliciosa cuando hablabas francés, los días en que pensábamos echados en el pasto, jamás fueron mi perdición. Ni tu inteligencia, ni el misterio en tu personalidad ni tu nariz. Poco importó que brillaras tanto como tu nombre, que me escribieras una increíble declaración de amor o que dijeras "sí" en la primera cita. 
     No. Nada de esto. Ninguna mujer. Ni una sola. Sólo el amor. 
     Y es cierto. Estoy enamorado del amor. Estoy enamorado del sentimiento, de los escalofríos que  sufro al notarlo, de cada maldito segundo de sacudidas y nerviosismos, de las parálisis al corazón y de las tristezas cuando se rompe. Estoy amando al amor, por hacer del tiempo nada más que un juego ridículo y sin ley, por ser el creador de miles de nuevos mundos, imaginarios y reales, revolucionarios y pacíficos, tontos y maduros. Porque gracias a él sientes de todo: alegría, odio, pasión, tristeza, lujuria, envidia, orgullo, gula... Con él pecas y santificas, callas y gritas, ves y te ciegas, vives. Vives y vives y vives, y mueres para renacer y volver al ciclo. 
     
     Mujer, estoy enamorado del amor, pero si algún día me enamoro de ti, entonces no sé lo que pueda pasar...
                                          


  


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