miércoles, 8 de marzo de 2017

El león dorado

"¿Cómo puede este silencio tener tantos decibelios?"
-ZPU

En medio de nubes tristes, árboles tristes, hojas tristes, apareciste. Llevabas conmigo mucho tiempo sin darme cuenta, como una sombra, una sombra llena de luz y sosegada. No entiendo cómo, cuándo ni porqué, sólo sé que cuando abrí los ojos estabas ahí, rugiendo a través de tus pupilas, cazando con la habilidad única de tus labios, saciando mi sed con el río que recorre tu espalda. Que hecho más curioso que encontrar un león entre el bosque, un león dorado, de melena centelleante y aromática, piel suave, veneno mortal. 
     El mundo entero no me creerá cuando les diga que ya no sólo eres rey de la selva, sino también del bosque, de la sangre y el corazón. El mundo entero no me creería si les dijera que pude acariciarte, que en medio de estos puños llenos de estrés y de histeria se postró tu figura, y que la explosión más grande de la historia no fue el Big-bang, sino aquella que surgió bajo mi pecho, en el instante mismo en que sentí tu respiración. El mundo entero no me creyó cuando les dije que tendría algo contigo; no es amor, no es complicidad, es simplemente un momento, un instante que no pertenece más a una línea de tiempo. 
     ¿Escuchas eso? Son los secretos de la naturaleza, aquellos que Adán y Eva se llevaron a la tumba, los mismos que transformaron a los ángeles en bestias y de los que Dios no quiere que sepas. Pero mira qué inteligente resultó el todopoderoso, que creó el lenguaje para que no escucháramos los silencios, porque es allí donde se guardan todas las respuestas. Por eso el diablo es igual de fuerte, porque ha sabido escuchar al viento, al fuego, a las brasas, al mundo mudo. ¡Nos han mentido, el amor ha nacido en el infierno! 
     Hay garras de las que uno no puede zafarse aún cuando se sabe prisionero. Yo no sabía cuál era mi destino, pero juro que cuando me sentí envuelto entre tus brazos, si me comías o me destazabas me daba igual. Padecer de tu calor es la fiebre más placentera. Ahí, entre el peligro, me sentía más seguro que nunca. Qué ironía, yo iba en busca de paz y terminé enganchado a un poderoso huracán, uno de hilillos dorados y desordenados, con pies, manos y lunares, con ojos, boca y perfume. 

     Entre anarquías y desorden, un puñado de gotas borró todo rastro de gloria, toda huella, cada pedacito de cielo, se perdieron en la transparencia. 
     Yo sólo estaba en busca de paz, y me encontré con la furia de un león.
     Yo sólo estaba en busca de paz, y me encontré con la furia del amor.
     Y sí, hay amores que aunque no se consuman, brillan más que cualquier tesoro.



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