jueves, 22 de junio de 2017

Placer desconocido (II)

Tu corazón está latiendo muy rápido—, me dijo. 
     —Es porque sabe que estás cerca respondí, mientras miraba el último rastro de su sonrisa...


Los noticieros estaban llenos de caos y advertencias; «Se recomienda a toda la población permanecer en sus hogares hasta nuevo aviso», decían. «Aún se desconoce el contenido del aparato aterrizado que, según las autoridades, tiene una estructura semejante a una botella de Klein [...]. En estos momentos, uno de los encargados se acercará por primera vez al objeto espacial para... ¡Oh por Dios! ¡¿Filmaste eso?!» Al otro lado de la pantalla ya sólo se veían pequeñas luces parpadeantes, partículas residuales del cuerpo del investigador y una parte de la nave. Se habían desintegrado en el instante justo en que entraron en contacto. Todos los espectadores se encontraban pasmados y se alejaban de apoco. Segundos después, la transmisión terminó. 
     Me serví una taza de té y me senté frente al ordenador, ¿cómo era posible lo que acababa de ver? Facebook estaba repleto de la historia, y no pasaron más de diez minutos cuando otro video comenzó a circular en el medio: una mujer de figura humana salía por el orificio de la explosión. No era en nada distinta a nosotros, era delgada y bella, de frente amplia, cubierta con un fleco y el resto del cabello, suelto y lacio, caía a la altura de sus hombros. Comenzó a caminar hasta perderse entre los árboles, mientras a cada paso que daba, un pedazo de suelo desaparecía. 
     Nadie daba crédito a lo que observaba, hasta que un grupo de científicos hizo una declaración oficial: el fenómeno era nada más y nada menos que un conjunto de antimateria, por eso desintegraban todo a su paso. ¡Existían seres hechos de antimateria! Aún había dudas de porqué siendo un aparato de dimensiones tan grandes, no acabó con la vida terrestre en el instante del choque, pero a final de cuentas, parecía ser una buena noticia. ¿Cuánto tiempo quedaba antes de que aquella mujer terminara con todo? ¿La comunidad científica estaba lista para combatir este problema? 
     Sin tener plena conciencia de lo que hacía, tomé mi mochila y salí a la calle. La noche lucía bien cuando la gente no transitaba, cuando el único ruido perceptible era el de mis pasos y el viento frío tocaba mi rostro. Arriba, las estrellas parecían querer decirme algo; abajo, un hueco en el piso hizo que cayera dolorosamente. Levanté la mirada y caí en cuenta de que los siguientes metros estaban deformados, con hoyos y grietas abundantes. Sin duda alguna la chica extraterrestre se encontraba cerca. Decidí avanzar sigiloso, pausado. Aunque me costara admitirlo, el terror que recorría mi cuerpo era incontrolable. 
      Diez pasos más adelante, la encontré. Parecía haberme estado esperando. El viento alborotaba su cabello y eso le disgustaba, pero la hacía ver tremendamente linda. Tenía labios carnosos y pequeños, las pestañas grandes y los ojos centelleantes. A pesar de ser delgada su cuerpo era seductor y coqueto. Avanzó hacia mí. Sabía que la quería conmigo, sabía que ella era de otro mundo, otra galaxia o quizá hasta de otro universo, que las diferencias eran terriblemente evidentes y no obstante, estaba dispuesto a tomar el riesgo. Es curioso como el amor toca la puerta de algunos, a veces sólo un vistazo basta para encontrarlo, a veces se encuentra en los lugares menos esperados, a veces en medio del desastre o en el mundo opuesto. A veces depende de un paso; más al frente y puedes caer en un abismo, para atrás y puedes estar a salvo pero, ¿por qué estar a salvo? Hay que ser muy cobardes para negarse al amor.
     Sin darme cuenta ya estábamos frente a frente. En sus ojos podía ver mi destrucción.
     ¿Por qué no huyes como el resto?
     Yo no soy tan cobarde. 
     No se trata de valentía, se trata de ser razonable. ¿No te das cuenta? Podríamos morir justo ahora. 
     Con gusto lo haría si es entre tus brazos. 
     No te creo.
     —¿Alguna vez te haz acostado a ver las estrellas?
     No, nunca. 
     Ven...
     Me tendí en el pasto y esperé a que lo hiciera también. 
     Allá, en ese destello, estaremos dentro de poco Tomé su mano y ella me abrazó. Nada ocurría. Seguíamos allí, como quién vence a Dios o al demonio. Por un momento creímos que lo habíamos logrado, ella sonreía recostada sobre mi pecho. 
          Tu corazón está latiendo muy rápido—, me dijo. 
    —Es porque sabe que estás cerca respondí, mientras miraba el último rastro de su sonrisa. Sentí como se desprendía cada porción de su ser y del mío, sentí el corazón partirse en mil pedazos, sentí que a pesar de todo, había valido la pena.
      Te lo advertí sentenció. 
     Y nos convertimos en partículas de luz.






     





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